17.11.09

LIVE SPINACHS SHOW: Rememorando los orígenes

Warning: This email has been filtered by a pedantic colander. All the stinky, filthy, cloudy water which accompanied the original veggies has vanished into the depths of the sink. In addition, the cook has decided to use some really fancy and exotic ingredients to flatter the customer´s palate and enrich the habitual spinachs recipe. Your Excellency should comprehend that this worlwide famous chef who follows the name of Clevertalk can elaborate some exciting and funny dishes when you don´t take him too seriously. Hoping the overall presentation of the meal-message doesn´t disturb you too much (and only makes you laugh), I wish you a Jolly Reading!
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Aftera couple of weeks of mental and physical instability I can finally say I´m at Home (with capital letters if we understand it as a comfy state of mind and body). Days were tremendously insipid since my departure from Castelfranc; it seemed to me that life was not real anymore, or maybe it was more real than ever, and I had just come out from the most vivid lavish dream. And so essence vanished, and vagueness prevailed. I was nonetheless able to glimpse through that mist of consciousness,through the dusty glass of my particular incoherent coach, some hints of splendid Art which provoked in my guts a series of spontaneous combustions. Yes. Like a miscarried seagull, I toured Madrid and its frozen splinters of geniality, holy grails of inspirational eternity,miniscule tablets of LSD transfigured in 7-diamensional canvas...all so close in space while so distant in time that appeared altogether to me like a dizzy frenzy, a crowded polis of superimposing intersections.

In this voyage of mine, I was also blessed with a levitating stool which spinned me out of a Central café, in a central city, into the gold-plated mouth of an eloquent saxophone. Once in that warm cave of resonance, and when I was just starting to blend in, to merge into that vibrating and aqueous texture, I was torpedoed back into the air colliding with an obese giant who took me in a very tyrannical manner with him. His voice could be heard on top of the din;a pilar of structural relevance, a catwalk of bongos consistently booming the paving. A translucent solvent embraced comprehensively both the thick layer of well-organised lumps and the sliding boomerangs which tried to hide behind my fizzy eye-sockets. I was somehow lost,somehow trapped by this big bang of expanding billiards and pumping muscles, this big crunch of crippled embryos chopped up into attentive stem cells.

You are right: what´s the point in decanting my olive oil? why should I transfer my liquous reminiscences into a vessel of continuity maneuvering along the curvy subjectivity so as to pretend I´m following a well-defined lineal trajectory, when I don´t feel it assuch? maybe I should rather let my stranded conductor bark and roar like a pack of hounds. He shall feel no more than an impotent elastic snail, squashed by the weight of thousands of crumbling façades. What an exhausting demolition! It´s the downfall of the industrious bureaucracy... yes... let´s abide uniqueness sloping down the drillling abyss. I´ll try not to follow instructions, not to adjust to too many feeble patterns; but reconstruction, pure chemical fuzyness, cracks up the juciness of my nutty wildlife... so I´ll take my time to apprehend all this architectural gymnastics, to grasp the anaerobic velocities of which a bolt of luminosity is capable of, in the vacuum of free space, so as to categorically electrocute my operating system.

12.11.09

Anguilas


maletiliadominosalintrobulimosaltruhanilihimocotosampliocostiamarotadominalienticomololasa-
migorganticamotominidozucalmierosamarocultisinserotidoloramacosomitosimbulcoloranguilaring-
emacaroscalorocomolorcarboniñovoidilema.


pilalmohosadalidiarocolicarrimaldavangolomatorquemorbitinactorbillematosismiloricobartolma-
divomitiaramentallermatriñocorinocalaremaradoeamulacongregalosintoximascasrarpascarpon-
eoconquesamapanoramafaltiva.

3.10.09

Libér.rimo


¡Ríe lira! liebre y colirios
para mis astros.
No llores, hoy iré al iris
de tu estación coralina,
Tren-postal
de mis delirios.

Albino.
Ni vino,
ni alba de vaharadas envanecidas,
sólo un blanco pistilo de delfín
con su miríada
de intimidades comunicantes.

¡Silba norias silvestres!
El hombre-hormiga ya está a tus pies,
contando sus huesos
de santo.

¿Sábes?
Un nuevo esperanto
se asoma.

¡Sí!
¡Mira bien!

Detrás de la aurora…

3.9.09

Galgos azules


Galgos azules patrullan un laberinto de líneas discontinuas. El negativo de sus sombras revela que en los setos de zapatilla se esconden pastillas de naftalina con rabo.

¡Cazadores! En vuestros ojos veo ángulos escarpados, vacíos de alborada hirviente. ¿Qué cabrá esperar de los copos de nieve mas que una desintegración tierna y desesperada? Pero una noche las esferas abisales se alzarán y 42 dagas de cristal os obstruirán los poros, y entonces, cantaréis como puercoespines domesticados.

Ai y yo, yo ahora, ahora y siempre, seguiré criando, cuerdas rotas, gritando al cielo sísmico mis desgarros crepitantes. No, suelas rientes, no clavéis en mí vuestras espuelas, que no son las carencias lo que más hiere sino las mazorcas de piedra, y las coliflores hipertrofiadas.

Galgos pardos desfilan por un hilo transparente. Sus reflejos en el foso forman espirales de té, garabatos que ocultan un fondo de tacitas sin asa.



12.7.09

Meditaciones sobre el rigor y el amor

II.

Al ser humano lo carcome la tendencia cara lo incondicionado, decía Kant. Y él mismo, embarcado en el sueño de la razón, fue capaz de, a pesar de su inagotable potencial intelectual, ser tan permisivo consigo mismo como para llegar a enunciar los dudosos postulados de la razón práctica (inmortalidad del alma y existencia de Dios), que se me antojan un intento desafortunado del filósofo de conciliar su complejo y bello sistema con un legado heredado o quizás más bien progresivamente desheredado. Pues bien, a riesgo de caer en su mismo error, pero sin el peso de la responsabilidad que la edad y la formación confieren me voy a permitir realizar mi propia incursión en el terreno de lo incondicionado. Sucede que, siguiendo tortuosos senderos, después de asimilar con fervor distintas teorías e ideas para luego cuestionarlas y derribarlas mediante la crítica despiadada, hay dos ideas, que en el fondo son una misma, que parecen haber superado todas las barreras, cristalizado en mi subconsciente a pesar de todo este afanoso trajín y que se desviven por ser escuchadas. Como todos los "eurekas" siento esta pseudo-revelación, que no es más que la constatación de lo que ya estaba ahí, inadvertidamente, como algo en parte ajeno a mis cabilaciones y por lo tanto difícil de traducir en palabras y exponer con cierto orden, aunque prometo tratar de plasmarlo de la manera más fidedigna posible.


¿En qué consiste pues esta idea, tan sencilla como compleja, abrigada con tanta prosa esforzada? No se me ocurre mejor manera de expresarlo que a través de una imagen; la imagen de un rostro sosegado que sonríe con serenidad o cuya seriedad esconde una sonrisa interna, velada, como la del famoso retrato de Leonardo. Se trata de un curioso experimento alquímico, de una fusión armónica entre el rigor y el amor. Si uno se para a analizar cualquier acto de creación observará dos aspectos fundamentales que se entrelazan a lo largo del proceso; por un lado existe una energía creativa, la que motiva el acto en sí, una idea desfigurada, inspiración o impulso que mueve al ser humano a producir. Cabe destacar que cuando hablo de proceso creativo me estoy refiriendo a cualquier tipo de creación y no exclusivamente al quehacer artístico; una relación personal profunda es también un acto de creación, una investigación científica o un proyecto filosófico, cocinar o incluso discurrir soluciones para desajustes mecánicos en cachibaches varios, un paseo cuando se hace con intención, todo ello puede convertirse en un acto de creación. Tenemos pues este impulso primordial que para mí no entiende de formas, el amor; pero existe, así mismo, un segundo actor fundamental en estrecha colaboración con el primero y del cual depende en buena medida el resultado final del proceso. Este otro personaje del drama sería la disciplina, el rigor, el esfuerzo y la constancia en el tiempo, vital para llevar la iniciativa a buen puerto y para extraer conclusiones que nos ayuden en futuras experiencias. Quizás sea "rigor" una palabra cargada de connotaciones cenizas pero lo cierto es que al servirme de ella no pretendo evocar ningún tipo de proceso mecánico e irreflexivo, ni mucho menos malcaradas, frígidas y severas institutrices vagando por aulas polvorientas sino que busco más bien aludir a una clase especial de determinación que nos lleva a preocuparnos por el acto en sí, un respeto o responsabilidad totalmente desinteresada provocada por los propios elementos, procesos, fenómenos como realidades independientes y externas. El amor sería, por su parte, el combustible vital que nos vincula como individuos con ese acto creativo en el que estamos implicados. Esta seriedad sonriente de la que hablo no es más que un símbolo, por supuesto, pero es precisamente su valor evocador lo que más me inquieta pues podemos entenderla como la coordinación perfectamente sincronizada entre lo discursivo o analítico y lo emocional o vivencial, entre lo consciente y lo subconsciente, entre lo formal y lo esencial, entre racionalismo y empirismo, entre ley y flexibilidad, determinismo y libertad. Por todo ello la idea persiste en mi imaginario como una pequeña obsesión; una enigmática sonrisa que guarda entre sus labios un secreto, quizás un elixir definitivo y trascendental.


Y es que si he expuesto la idea a través del análisis de los mecanismos creadores es precisamente porque considero que es nuestra propia vida el mayor proceso creativo en el que estamos embarcados; aún si no la consagrásemos a ninguno de los propósitos convencionalmente categorizados como "elevados", todos seguiríamos teniendo el derecho a aspirar a la belleza, a buscar la armonía, la felicidad que emana no de lo que hagamos en sí sino de que lo hagamos aplicando esta curiosa fórmula alquímica. Nadie encontrará nunca una respuesta universal al recurrente interrogante sobre el sentido de nuestras vidas y si admite haberlo hecho será a todas luces un iluso precisamente porque, por el hecho de ser libres, es a nosotros a quien corresponde como individuos encontrar un rumbo y un destino (o varios), guiados por ídolos lejanos o rodeados de almas afines, siguiendo impulsos íntimos o adaptándonos a lo circunstancial cuando las necesidades más primordiales se vean amenazadas, cuando flaquee la voluntad. Sin embargo, creo que esta persistente idea tiene la fuerza suficiente como para adquirir el estatus de un verdadero incondicional, casi de un imperativo moral; Sólo a través del diálogo entre rigor y amor se alcanza la felicidad más serena, la iluminación más bella, pues se trata de un diálogo armónico, que como todo lo que en verdad importa reside a partes iguales en nosotros mismos y en el propio orden de la naturaleza. Hay rigor en la tremenda diversificación de la vida en el planeta, en los complejos procesos biológicos, en las intrincadas estructuras matemáticas que todo lo ordenan; pero también hay amor en esas afinidades ocultas, en la maravillosa unidad de todo lo existente, que a pesar de presentar una diversidad tan llena de matices, colores y texturas sigue funcionando ordenadamente, manteniendo una ininterrumpible comunicación interior, permaneciendo cohesionado y a la vez en constante movimiento; ejemplificando por lo tanto la paradoja de una unidad (amor) que se fundamenta en la riqueza, variedad y dinamismo (rigor), una paradoja que Ortega y Gasset aplica a Europa en el Prefacio para Franceses de la Rebelión de las Masas, pero que yo me atrevería a extender a todo lo existente y por cuya aceptación pasa sin duda alguna cualquier anhelo de paz interior.

11.7.09

De universales y hermandades insólitas

I.

Es notable observar cómo una idea que es, en su esencia, la misma puede adoptar las formas más diversas, disfrazarse o maquillarse, transformarse y enmascararse en un carnaval infinito. No es necesario tener conocimientos exhaustivos de ninguna materia concreta para poder verificar este hecho fundamental, tan sólo capacidad de síntesis o intuición, habilidad para trascender las formas externas, las menudeces. Uno observa los patrones de comportamiento humano y salta a la vista que hay modelos psicológicos que se repiten, relaciones análogas, y casi se atrevería uno a reducir todo ello a un abanico limitado de posibilidades sometidas a los avatares de la combinatoria y el azar. La tentación es fuerte pero no hay que olvidar que todos los intentos reductistas que aspiran a un absoluto acaban irremediablemente en fracaso por dos motivos básicos; es imposible abarcar toda la experiencia y variedad humana desde el reducido radio de acción que la individualidad permite y por otra parte existe, creo yo, un ínfimo margen (aunque no por ello menos desdeñable) para lo impredecible. He elegido como ejemplo el ámbito de la sociología y la psicología, quizás por ser de los más significativos, pero igualmente se podría acudir a cualquier otro campo del conocimiento, cualquier otra ciencia o arte. En la historia podemos encontrar una serie de principios y dinámicas que a grosso modo guían el devenir de los hechos y que reaparecen a lo largo del tiempo adaptándose a los distintos contextos históricos, a las particularidades y contingencias. En la filosofía, así mismo, uno puede retroceder hasta donde los registros escritos permitan y observar la evolución de las ideas hasta hoy para constatar cómo, aunque estas crezcan en complejidad, se depuren y se combinen con otras con el paso de tiempo, aborden nuevos interrogantes y campos, los principios (las motivaciones, los niveles mentales en los que es necesario moverse, la tonalidad emotiva) que las sustentan son recurrentes; ya alejándonos de lo exclusivamente humano, en la propia evolución se observa como las especies, siguiendo trayectorias complicadas y partiendo de puntos de origen diversos acaban por converger mayoritariamente en una misma solución evolutiva ante una nueva necesidad provocada por una alteración en el medio. En la física los investigadores han sido capaces de enunciar leyes o principios a partir de experiencias concretas cuya vigencia se extiende más allá del caso singular y que son capaces de abarcar distintas casuísticas (y en algunos casos esas leyes adquieren incluso la categoría de universales). Las matemáticas engloban un conjunto de ciencias que son por definición estructurales y esencialmente abstractas y por lo tanto son el mejor testimonio, el mejor argumento en sustento de esta tesis (que es, así mismo, tesis de sí misma, en cuanto que esta idea, la idea de los universales, la idea de la existencia de las "Ideas", recorre todo el pensamiento humano desde Platón- o incluso antes- hasta nuestros días adoptando evidentemente formas muy diversas, desarrollándose de modo diferencial). No es necesario por lo tanto acudir en busca de más ejemplos pues es evidente que se pueden identificar esencias y principios subyacentes a la variedad de lo existente en absolutamente cualquier ámbito, en el análisis de mecánicas naturales en su aspecto dinámico (en cuanto que se analiza la alteración de un fenómeno en función del tiempo) e incluso en lo estático (pues aún diseccionando una película de realidad encontramos de nuevo sistemas, ordenaciones) y por supuesto en nosotros mismos.

Esta idea, enunciada de mil y una formas, ha sido utilizada y es utilizada aún hoy día por diversos pensadores como prueba de la existencia de Dios. Lo cierto es que si por Dios entendemos "orden" en ese caso no puedo más que corroborar sus postulados, aunque lo cierto es que es mucho más económico y preciso utilizar conceptos menos equívocos, pues el vocablo "Dios" es comprendido de modo muy diverso por las distintas comunidades e individuos. Del mismo modo hay una facción dentro del "ateísmo", una suerte de sofismo, de escepticismo radical, cuya piedra angular es la supuesta incapacidad del ser humano para acumular conocimientos de ningún tipo, para elaborar teorías de cualquier índole. Esa limitación vendría de la mano de una metafísica y una epistemología en la que no se trasciende la variedad formal de la sensibilidad y no se admite por lo tanto la existencia de ningún tipo de universal y se entiende el todo como un conjunto infinito de particulares que interaccionan regidos por un azar caprichoso. Pues bien; es esta última concepción del mundo, que en muchos casos conlleva un vitalismo un tanto absurdo y patéticamente desesperanzado, un cinismo que se cree sofisticado, y una anarquía intelectual que no es más que postureo, contra la que creo que hay que estar especialmente alerta. A lo largo de mi corta existencia no he podido acumular muchas certezas incuestionables pero sin duda hay una, sólo una, de la que nunca nadie me podrá desproveer; la existencia de la Verdad tal y como lo he expuesto al comienzo de este texto. Es decir, nuestra capacidad para discernir formas y patrones comunes dentro de la espesa maraña de lo diverso y, por lo tanto, la existencia de estas formas y patrones de por sí independientemente del cifrado, del procesamiento lingüístico al que las sometamos. Y ante este axioma hay que mostrar la más radical de las intransigencias pues quien a él se opone es probable que adopte esta postura por motivaciones políticas o personales dejando así que la mezquindad pisotee a la franqueza de modo desvergonzado y descorazonador.

Continuando por esta senda y ampliando el alcance de la idea creo necesario llevar aún más lejos mi osadía y afirmar que la más grande de las falacias, el mayor de los obstáculos en la búsqueda del saber es la compartimentación de los conocimientos. El desarrollo tecnológico y científico de los últimos siglos ha supuesto, entre otras cosas, un aumento exponencial de la velocidad de expansión de los saberes; de todos los saberes. Como una madreselva furiosa, el pensamiento humano ha comenzado a crecer y a enredarse de una manera prodigiosa. Por otra parte, el nacimiento de la informática nos ha permitido y nos permitirá ordenar, clasificar y almacenar ingentes cantidades de información sin mediación de nuestra propia memoria. Sin embargo, las capacidades cognitivas e intelectivas medias del ser humano no parecen haber seguido el ritmo de tan vertiginosa eclosión. Sucede pues que, hoy día, nuestras pequeñas mentes se encuentran más indefensas e insignificantes que nunca ante sus propias creaciones aunque la necesidad de sintetizar los conocimientos, de interconectarlos, no ha dejado de ser menos apremiante de lo que lo fue siempre. Es más, quizás ésta sea mayor que nunca; la compartimentación de los saberes y la especialización que ello conlleva en la vida profesional es un arma de doble filo. Puede que nos permita realizar nuevos descubrimientos o aportaciones en un campo particular y por lo tanto contribuir a la ceba del grandioso monstruo cultural pero corremos el riesgo de caer en la ceguera de la ordenada hormiga, del irreflexivo cabo raso, realizando nuestras tareas con diligencia sin acabar de comprender ni una millonésima fracción de los complejos en los que uno mismo está integrado, sin acabar de percibir la belleza de lo oculto. Es necesario por lo tanto huir de la endogamia cultural y tratar de trascender etiquetaciones e itinerarios cercados para así expandir las fronteras de nuestra libertad. Porque, aunque ello se nos escape, existen afinidades inesperadas y deliciosas entre las ciencias de toda clase, las artes y las experiencias cotidianas aparentemente más dispares y para mí es esta poesía de la existencia lo más elevado y más sobrecogedor. Del mismo modo que en una sola célula puede estar implícito el código genético de todo un ser, idéntico en todas sus células independientemente de sus funciones, estoy convencido de que es en este tipo de hermandades insólitas donde se encuentran las revelaciones más esenciales. Quizás persiga una quimera y se trate esto de una búsqueda abocada al fracaso, como la de Grenouille en el Perfume, pero si uno analiza las cualidades de esas grandes figuras alabadas unánimemente en las cumbres de todos los saberes, veneradas y temidas como si sus logros de brujería se tratasen, se dará cuenta de que todas ellas sentían interés por campos distintos y practicaban seguramente un pensamiento interdisciplinar, por definirlo de algún modo; hagamos pues del surrealismo una ciencia.

3.7.09

Vers La Flamme. Insomnio y pulsiones.

Vers La Flamme: Horowitz--- Partitura con alta definición

Dedicado a Scriabin (el demiurgo)



Es en la oscuridad y el silencio, entre llamaradas de ardor solitario, donde todo palpita con vehemencia y borbotea lo púrpura en transfiguraciones sensibles. 0 "Sombre"; con prudencia una esquirla fulgurante destellea en un jardín abandonado, o en una mansión decrépita habitada por diosas crepusculares de un cine ya olvidado, pero el fuego solamente habla de misterios exentos del horror y la angustia; sus giros tímidos y provocadores, ascuas entre ceniza, atraen sobre sí corrientes de consciencia, cintas de humo que te encadenan y te desnudan. Todo se expande y se magnifica adquiriendo una profundidad plena, las sombras te arropan en la infinitud y te mecen en bailes siniestros y primigenios. 1 El barquero susurra, murmura para sí una melodía arcana que se balancea, marcada por el vaivén de los remos oscilantes, surcando contigo superficies cristalinas e impávidas, frías como la mano de un muerto; tu mirada busca su propio reflejo pero solo encuentra párpados caídos, un coro acuático de rostros marmóleos e inexpresivos.


2 Hay algo de sagrado en la bruma, algo de sublime en los picos que asoman insondables sobre las luces extintas, allá al fondo del horizonte. Si las montañas caminaran dividirían los flujos turbulentos y atormentados con 5 pisadas y la primera sería tan honda que no produciría sonido alguno. Puede que ni siquiera oigamos los pasos de los gigantes y solo podamos sentir las pulsiones, la reverberación colosal de un palacio en las estrellas.


3 Con una emoción naciente las atmósferas se metamorfosean, surgiendo unas de las otras casi imperceptiblemente, el ánima crece y se ensancha en alientos de tierra mojada, en lluvia ascendente, cascadas de arpa invertidas, de colores irreductibles. 4 Las fuerzas salvajes han desatado con su impulso selvático y tumultuoso un movimiento irrefrenable, determinación sublimada en tempestad; ya no hay susurros sino chorros de músculo, vibraciones telúricas que te empujan hacia el vértice de la locura.

5 Cae el velo y tus alas se extienden, luminosas, resplandecientes, en toda su envergadura. Vuelas a través del sol envuelto en llamas, inmerso en una fanfarria destelleante, en un fragor ensordecedor. Ese estruendo dulce y crepitante es perforado por gotas de energía pura, canto desnudo y desfigurado que brilla más que las llamas; en efecto, tu silueta no es más que el reflejo de ese canto, tus alas proyecciones de la libertad recién conquistada. El espacio es tuyo, la materia y el vacío, la antimateria, resbalan con inocuidad como espectros de otra dimensión. Más veloz que ningún dios, que ningún gigante, tu abrazo crece, todo lo abarcas ya, las estelas celestes, los mares y las nebulosas, las fronteras del universo. 6 La vida y la muerte se suceden sobre el flujo imparable del tiempo. Las llamas colosales te consumen exaltadas, expandiéndose en explosiones encarnadas e incandescentes, contrayéndose en bucles azules y tiernos como un conjuro.

7 Victoria. Sí, victoria. Esa melodía lo ha fundido todo. Es sobrecogedor, pero las simetrías ascendentes, vibrantes, sobrevuelan los milagros del fuego, se superponen en progresiones sin fronteras. Caminas sobre el pasado, pero el futuro sigue avanzando, se identifica y se opone simultáneamente con los estratos de la memoria, pues la combustión de la circunferencia ha abierto una brecha en esta sin que pierda por ello su perfección. No se puede llegar más lejos una vez desaparecen las distancias, los antónimos, cuando temeridad y congoja se confunden ante una arquitectura que funde el todo con la nada, que extrae su grandeza de la supresión del espacio, de la polaridad. ¿Qué es el discernimiento? La razón está bailando alrededor de la hoguera.

Ahora, por fin, desde la cumbre de las cumbres, la lucidez permite vislumbrar en la gloriosa y ardiente danza el mismo diseño, el mismo patrón que configuraba los juegos de penumbra. La sombra brilla y la llama es oscura. Movido por un amor furioso, por la ira generosa que motiva la verdad revelada, exhalas tres gritos fieros. 8 Quizás ya no eres tú el que gritas, pues todas las identidades se perdieron en el ascenso desenfrenado. No importa ya, eres lo que lees, lees lo que eres; 9 trece escalones resuenan magníficos y nos llevan a tí y a mí hacia la eternidad bajo los puentes de la media luna. 10




0 [min. 0.01, c.1] 5 [min. 3.24, c. 81] 10 [min. 5.35, c.137]

1 [min. 1.11, c. 27] 6 [min. 3.58, c. 97]

2 [min. 1.51, c. 41] 7 [min. 4.20, c. 107]

3 [min. 2.50, c.64] 8 [min. 5.05, c. 125]

4 [min. 3.14, c. 77] 9 [min. 5.26, c. 133]